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Segundo día del juicio a Jorge Vinicio Sosa Orantes: Reanudación del testimonio de un soldado, testimonio de otro soldado y de una Jefe del Servicio de inmigración estadounidense.

El día comenzó con una solicitud por parte de la defensa de hacer una audiencia sin presencia del jurado a César Franco Ibáñez, testigo presentado por el gobierno. La defensa quería mostrar el conocimiento que el señor Franco Ibáñez tenía con relación a las violaciones ocurridas en Las Dos Erres. La defensa creyó que el señor Franco Ibáñez afirmaría que los asesinatos se produjeron como resultado de las violaciones cometidas. En respuesta, el gobierno puso en conocimiento de la Corte el hecho de que no solo el señor Franco Ibáñez testificaría sobre las violaciones cometidas por un hombre llamado [César Adán] Rosales Batres, sino que habría otro testimonio de Gilberto Jordán, el testigo del día anterior, que reanudaría su testimonio. Después de preguntar al gobierno si quería hacer un resumen de los hechos sobre los que el testigo declararía, el juez decidió llamar al señor Jordán para agilizar los trámites.

En su uniforme naranja de la prisión, el señor Jordán testificó sin presencia del jurado con ayuda de un interprete certificado por la Corte. Acerca de Las Dos Erres, declaró que el pensaba que su misión sería buscar armas. Si encontraban guerrilleros, su labor era “combatirlos y matarlos si fuera necesario”. Sin embargo, el señor Jordán afirmó que la misión de Las Dos Erres cambió cuando ellos empezaron a reunir a las personas y a llevarlas a la iglesia y a la escuela. Aunque el señor Jordán nunca escuchó directamente a los oficiales discutir sobre un cambio en la misión, el fue advertido sobre el hecho de que [Roberto Aníbal] Rivera Martínez, (un comandante) estaba ofuscado por lo que el señor Rosales Batres había hecho en Las Dos Erres. El señor Jordán fue testigo de una discusión entre ellos; parecían estar riñendo. Dado que el señor Rivera Martínez parecía molesto, otros oficiales se dieron cuenta, específicamente los cuatro oficiales y sargentos que estaban cerca, incluyendo al señor Sosa Orantes. Otros sargentos también dijeron al señor Jordán que el señor Rivera Martínez estaba ofuscado. En ese momento, el interrogatorio se dio por terminado permitiendo al jurado entrar a la sala del tribunal.

Reanudación del testimonio del señor Gilberto Jordán frente al jurado

A las 9:03 a.m. el jurado ingresó y la Juez Philips dio inicio a la sesión. El gobierno procedió a interrogar al señor Jordán quien había comenzado su testimonio el día anterior. Su testimonio estuvo lleno de emoción, lagrimas e historias gráficas de muerte y violaciones.

En dicho testimonio el señor Jordán relata que cuando se acercaban a la aldea después de las 6 p.m. comenzaron a sacar a las personas de sus casas. Algunos dormían pero en su mayoría estaban despiertos. Mientras que los hombres y mujeres eran separados en la iglesia y la escuela, algunos soldados esperaban afuera para reunirse en grupos y estar listos “para lo que tenía que hacerse”. El señor Jordan dice que en su cabeza esto significaba continuar buscando las armas. Sin embargo, la misión había cambiado. El señor Jordán afirmó que el señor Rivera Martínez recibió una llamada en la que se ordenaba matar a todas las personas.

Emocionalmente, relató que las personas en la iglesia y la escuela (dice no recordar en donde estaban las mujeres y los niños) no pudieron volver a salir. La gente lloraba, el señor Jordán agarró a un pequeño de 3 años y lo llevó a un pozo a aproximadamente 150 metros de distancia. El niño (que le hizo recordar a su propio hijo) no se resistió. El señor Jordán lloraba mientras caminaban hacía la fosa y el niño empezó a llorar. Cuando se acercaban, un sargento le dijo que no llorara porque si continuaba terminaría también en el pozo. Cuando llegaron, el señor Sosa Orantes dijo al señor Jordán que esto era un trabajo para hombres. El señor Jordán lanzo al niño al pozo.

El señor Jordán relata que el trabajo para hombres del que hablaba el señor Sosa Orantes significaba matar a esas personas. También agregó que el no fue el único que lloró puesto que escuchó también llorar a alias “Inson” y a alias “El Panadero”.

En su siguiente ida al pozo, el señor Jordán tomo a una mujer de 30 años de edad. La llevó cerca de la fosa, le disparó y la empujo adentro. Mientras se dirigían allá, ella le preguntó ¿que van a hacer con nosotros? El señor Jordán la mató disparándole por detrás, en la cabeza, con un rifle 5.56.

En ese momento, oficiales y sargentos, incluido el señor Sosa Orantes, estaban cerca del pozo. El señor Sosa Orantes ordenó traer a la gente. El señor Jordán escuchó muchos gritos de gente que estaba moribunda en el pozo. A causa de estos gritos el señor Sosa Orantes les disparó con su rifle y luego les lanzó una granada. Más gente siguió siendo arrojada al pozo.

Cuando el señor Jordán llevaba a una joven mujer de 16 años, el sargento Manuel Montenegro lo detuvo y le preguntó si la iba a violar. El señor Jordán respondió que no. El señor Montenegro tomó a la niña y la violó cerca de la montaña. Cuando la niña volvía, estaba sangrando a causa de la violación. El señor Montenegro la mató. El señor Jordán dio testimonio acerca de que las violaciones continuaron el resto del día y todos participaron en ellas.

El señor Jordán estuvo llorando todo el tiempo durante su testimonio. Relató que más de 100 personas fueron asesinadas ese día. Esos hechos no se produjeron en combate ni mucho menos para proteger a la población. Se trato por el contrario de matar a civiles.

A continuación el señor Jordán hizo un relato sobre su vida personal, su ingreso al ejercito, su llegada Estados Unidos y sobre como nunca pensó que la masacre de Las Dos Erres quedaría al descubierto. En 1990, tuvo noticias acerca de que la masacre comenzaba a ser investigada. La última vez que estuvo en Guatemala fue detenido por un corto periodo. Para escapar, se fue a Belice y de allí de nuevo a Estados Unidos y decidió nunca más volver a Guatemala.


El señor Jordán esta actualmente en prisión por haber sido hallado culpable del delito de adquisición ilegal de la naturalización o la ciudadanía, del cual fue acusado en 2010. El afirma que probablemente después de cumplir su sentencia, será deportado a Guatemala en donde probablemente será encarcelado por su participación en Las Dos Erres.

Dijo a la Corte que da este testimonio porque quiere saber de quien fue la idea de hacer lo que tuvo que hacer en Las Dos Erres. Dice no estar recibiendo ningún beneficio por parte de Estados Unidos. Sin embargo su abogado defensor le dijo que recibiría una carta del gobierno de Estados Unidos dirigida al Fiscal General de Guatemala si su testimonio era verídico. Aun así, el no sabe como esa carta podría ayudarle.

Su declaración terminó diciendo que en Las Dos Erres no encontraron ni guerrilleros, ni rifles perdidos.

Al comienzo del contrainterrogatorio, la defensa explicó que la carta es para notificar al gobierno de Guatemala de su cooperación en el juicio. El señor Jordán fue interrogado sobre su experiencia militar y con los Kaibilies. Testificó que el señor Sosa Orantes nunca fue comandante de la escuela de los Kaibiles sino que esperaba asistir igual que él.

Una vez en Las Dos Erres, el Teniente Ramírez Ramos dio la orden de matar a los pobladores. El señor Sosa Orantes era un Subteniente. También afirmó que durante los acontecimientos de Las Dos Erres no vio a Sosa violar a ninguna mujer.

El señor Jordán declaró que como Kaibil, el tenía el deber de obedecer la orden de sus superiores. No hacerlo o retirarse del combate significaba morir. Nunca desobedeció una orden durante un combate ni supo nunca de un Kaibil que lo hiciera. Sin embargo, dice que desobedeció la orden de matar a todo el mundo en Las Dos Erres. El vio a un hombre que se acercaba a caballo y le dijo que se fuera porque lo iban a matar. Pensaba que debía hacer algo bueno porque se sentía muy mal por todo lo que había hecho.

Dijo que no pudo hacer nada para detener lo que estaba pasando porque era solo un Sargento. Sin embargo, afirmó que el señor Sosa Orantes si podía haberlo hecho porque el era un oficial. Aun así, había otros tres oficiales de más alto rango que el señor Sosa Orantes en Las Dos Erres.

Testimonio de Anita García

Después de un breve receso, la Corte escuchó el testimonio de Anita García, Jefe de la sección de servicios de Ciudadanía e inmigración de Estados Unidos. Su testimonio giró en torno de las faltas cometidas por el señor Sosa en cuanto a su solicitud de ciudadanía.

La residencia permanente le fue aprobada al señor Sosa Orantes en noviembre 30 de 1998, en la misma fecha en que fue entrevistado y en la que contestó que no había estado en el servicio militar y firmó su solicitud certificando que toda la información proporcionada era correcta. También omitió mencionar su servicio militar en su solicitud de ciudadanía, la cual fue aprobada en Marzo de 2008.

Por el contrario, en su solicitud de asilo en 1985, el señor Sosa Orantes se refirió a su servicio militar, pero esta solicitud le fue negada. Según la señora Garcia, aunque el señor Sosa Orantes mencionó su servicio militar exterior en su solicitud de asilo, esto no eliminó su obligación de hacerlo de nuevo en su solicitud posterior.

El señor Sosa Orantes respondió también en su solicitud de naturalización que no había cometido ningún crimen por el cual hubiese sido arrestado ni había dado información falsa o engañosa a ningún oficial de Estados Unidos.

La señora García explicó que el haber participado en una masacre no permite establecer el buen carácter moral, un criterio para obtener la ciudadanía estadunidense. Así mismo, el haber cometido asesinatos incluso pensando que ello es legal no elimina la obligación de proveer esta información. Además, el hecho de haber trabajo en las fuerzas militares no impide el trámite normal de la solicitud.

El certificado de naturalización fue otorgado al señor Sosa el 26 de Septiembre de 2008.

La defensa interrogó a la señora García con el fin de establecer que ella no entrevistó personalmente al señor Sosa ni tuvo contacto directo con su caso. La defensa también insistió en que el señor Sosa no atravesó de manera ilegal la frontera.

La señora García, dijo que en su solicitud de asilo, el señor Sosa mostró una carta del Ejército Guerrillero de los Pobres, en la que el y su esposa eran amenazados. El señor Sosa entró a Estados Unidos con una visa B2, valida por 3 meses.

Una advertencia de deportación fue expedida al señor Sosa debido a que no salió del territorio estadounidense una vez su solicitud de asilo fue negada. Sin embargo, esta advertencia fue retirada cuando el señor Sosa mostró evidencias sobre su partida hacía Canadá.

A continuación, la defensa lanzó varias hipótesis con la intención de mostrar las razones que podrían existir para no declarar algunos crímenes. Entre otras razones mencionó la seguridad nacional y la legitima defensa. A todas las hipótesis presentadas, la señora García respondió que la persona está obligada a decir la verdad y que lo mejor era de proveer más información, aun cuando la persona tuviese la aprobación de su comandante. Esta información permite al agente del gobierno determinar la elegibilidad o no de la persona.

La señora García afirmó que responder de manera incorrecta una solicitud no significa que esta será negada automáticamente. Igualmente declaró que los oficiales deben seguir la ley, determinando la elegibilidad de las solicitudes y que ellos están entrenados en la definición legal del carácter moral y otorgan las autorizaciones basados en su conocimiento de la ley.

Testimonio de Cesar Franco Ibáñez

El siguiente testigo del gobierno fue Cesar Franco Ibáñez. El señor Franco Ibáñez se unió al ejercito de Guatemala en 1976 y perteneció a este hasta 1994. El fue un Kaibil, y en 1981 fue instructor en este grupo y entrenaba a otros en preparación del terreno.

En 1982, con el golpe de estado que llevó al ex jefe de Estado Ríos Montt a la presidencia, todos los sargentos que eran sub-instructores, y oficiales que eran instructores recibieron la orden de formar una patrulla especial para ir a las montañas y combatir a la guerrilla. La patrulla debía ser móvil.

El señor Franco Ibáñez declaró que la guerra contra la guerrilla en Guatemala duró alrededor de 30 años. Declaró también que el mismo participó en 7 u 8 misiones de combate contra la guerrilla. Estas misiones, tenían el objetivo de evitar que la guerrilla adquiriera poder.

El señor Franco Ibáñez se encontraba en una misión el 27 o 28 de noviembre. El no fue alertado acerca de la misión y solo fue informado de que hubo una emboscada, los soldados habían muerto y 21 rifles de alto poder habían sido robados. A continuación, se le ordenó salir del área para realizar la siguiente misión en la base aérea de Santa Elena (Petén).

A continuación nombró a 13 instructores, 4 oficiales y luego otros 3 que fueron adicionados a la misión. El comandante de la patrulla era Rivera Martínez, el segundo al mando era Ramírez Ramos y el tercero Rosales Batres. El Subteniente Sosa Orantes era el cuarto comandante al mando. El gobierno mostró una fotografía al señor Franco Ibañez quien identificó a las personas como Pedro Ríos, Cirillo Caal Ac, Chang (un trabajador de oficina), Erasmo Escobar (un almacenista), Borjas (“el panadero”), y a Cesar Franco (el mismo). En otra fotografía se identificó a si mismo de nuevo así como a Pedro Ríos.

El señor Franco Ibáñez declaró que en la patrulla hubo 2 ordenes: la orden preparatoria y la orden de ejecución. La orden preparatoria fue dada 12 horas antes de partir hacia el objetivo. Ellos debían preparar el equipo, determinar el personal que iría en la patrulla y como se movilizarían. En total fueron 60 soldados. La orden de ejecución fue dada una vez ellos estaban a punto de subir a los camiones. La patrulla debía recuperar 21 rifles de alto poder de una aldea llamada Las Dos Erres que estaba en una “zona roja” (una zona tomada por la guerrilla). El grupo fue dividido en tres grupos: el grupo de seguridad, el grupo de comando y el grupo de asalto. Los 20 soldados de la escuela de los Kaibiles vinieron todos a esta área.

Estaban vestidos como guerrilleros. Desembarcaron de los camiones a la medianoche y llegaron caminando a lo largo de un sendero. Como parte de la orden preparatoria, un grupo tomó por la fuerza unos camiones que transportaban comida y estos fueron utilizados para llegar a Las Dos Erres. Los camiones fueron tomados el 6 de diciembre y la patrulla arribó a Las Dos Erres el 7 de diciembre a las 3 de la mañana.

Cuando llegaron no hubo combate. Entraron pacíficamente y rodearon el lugar. El grupo se dispersó en diferentes equipos. El grupo de seguridad estableció el perímetro de seguridad. El grupo de asalto entró a las casas para sacar a la gente. El comandante Rosales Batres y el Subteniente Sosa Orantes estaban en el grupo de asalto.

El grupo estaba armado con Galil Sar, un rifle militar de fabricación israelí, ametralladoras 7.62 fabricadas en Estados Unidos, escopetas calibre 12 y explosivos. Esperaban encontrar guerrilleros pero el señor Franco Ibáñez se sorprendió al ver que no hubo combates. Durante todo el tiempo que estuvieron en Las Dos Erres, los 21 rifles de asalto nunca fueron encontrados.

El trabajo del señor Franco Ibáñez era proporcionar seguridad al resto de la patrulla. Mientras estaba en su puesto a 40 o 50 metros de la escuela, escucho a una mujer en la iglesia pidiendo ayuda. Al amanecer el jefe de la patrulla los llamó para darles nuevas instrucciones. Cuando el señor Franco Ibáñez llegó había 4 oficiales allí. Estaban discutiendo con el Teniente Rosales Batres y el señor Franco Ibáñez escucho al Señor Rivera Martínez decir que esta no era la misión, porque habían violado a las mujeres en la iglesia. No se le dieron nuevas ordenes al señor Franco Ibáñez y se le ordenó regresar a su puesto hasta nueva orden.

Hacia las 2 de la tarde un soldado le dijo al señor Franco Ibáñez que debía reunirse con un jefe de la patrulla al borde del pozo. El señor Franco Ibáñez obedeció y encontró el pozo lleno (de personas) hasta la mitad. Casi todos los hombres estaban allí. De acuerdo con el señor Franco Ibáñez, el señor Sosa Orantes estaba discutiendo con algunas personas en el pozo. El perdió la cabeza y comenzó a disparar maldiciendo. También declaró que el señor Rosales y el señor Sosa Orantes usaron granadas de mano.

Se le ordenó al señor Franco Ibáñez continuar trayendo a las personas y lanzar a alguien al pozo para probar que estaba comprometido con la patrulla. El agarró a una mujer y la lanzó a la fosa. Hizo esto más o menos 10 o 12 veces con otras personas. El estima que había alrededor de 200 a 250 personas en Las Dos Erres en ese momento. Toda la gente fue arrojada al pozo. Los asesinatos se produjeron entre mediodía y las 6 de la tarde.

Después de los asesinatos, el no vio que pasó en el pozo. El señor Franco Ibáñez admitió haber violado a una niña. También describió como fueron asesinadas las mujeres: “tenían les ojos vendados ellos y estaban arrodilladas cerca del borde del pozo y se les preguntaba en dónde estaban los 21 rifles de alta potencia… cuando decían que no, las golpeaban en la cabeza con un mazo... luego las lanzaban al pozo ".

Cuando la masacre terminó, el señor Rivera Martínez les dijo que “ninguno debía hablar sobre lo que pasó porque entonces ninguno de ellos seguiría vivo para decir algo más”.

El señor Franco Ibáñez decidió presentarse para contar la historia de Las Dos Erres tras la firma del tratado de paz en Guatemala entre el gobierno, el ejército y la guerrilla en 1997. Poco después, recibió una oferta de trabajo del señor Rivera Martínez, pero el señor Franco Ibáñez no creyó que un trabajo fuera la razón por la que el señor Rivera Martínez lo estaba buscando. El señor Franco Ibáñez cree que el señor Rivera Martínez lo buscaba porque sabía que había dado testimonio de lo que pasó en Las Dos Erres.

El señor Franco Ibáñez afirmó que la misión de Las Dos Erres fue diferente de otras realizadas en el pasado porque en Las Dos Erres las personas eran humildes y no tenían armas. En cuanto a la violación de la mujer y el haber lanzado a otra a la fosa dijo: "lo siento mucho por todo lo que hemos hecho, todo fue por cumplir con las órdenes dadas por los jefes de patrulla."

La razón por la que no está en la cárcel es que es un testigo protegido. En el momento en que se presentó, la masacre de Las Dos Erres no se conocía públicamente. Pero más adelante, el gobierno de Guatemala le dio un estipendio de aproximadamente 550 dólares americanos por mes. El señor Franco Ibáñez declaró que llegó a Estados Unidos para declarar, ya que habían transcurrido 31 años desde la masacre y nadie quería decir la verdad sobre lo que realmente ocurrió.

La defensa interrogó al señor Franco Ibáñez sobre los beneficios que está recibiendo del gobierno guatemalteco y sobre sus encuentros con asistentes de los abogados de Estados Unidos. La defensa pidió al señor Franco Ibáñez que describiera la orientación geográfica de Santa Elena, Poptún y de Las Dos Erres.

Sobre la patrulla especial, el señor Franco Ibáñez dijo que esta fue la primera vez que los Kaibilies fueron llamados a vestirse como guerrilleros. También describió el lema Kaibil como “si dirijo, síganme, si me detengo, anímenme y si me retiro mantenme”.

El señor Franco Ibáñez dijo que cumplió con todas las órdenes debido a que "en el ejército, las órdenes deben ser obedecidas y no se discuten". A pesar de que no sabía lo que iba a pasar a la gente, el no cree que las mujeres que empujó a la fosa sobrevivieron. Sabía que iba a morir si no se cumplía con las ordenes. El señor Franco Ibáñez declaró que no vio al señor Sosa Orantes violar a nadie. De hecho, el señor Franco Ibáñez describió al señor Jorge Sosa Orantes como una "persona humilde que se llevaba bien con todos." El señor Franco Ibáñez fue testigo de cómo el señor Jorge Sosa Orantes descargo su rifle en el pozo. Desde el inicio, el señor Franco Ibáñez ha denunciado a Jorge Sosa Orante como una de las personas que estaban al lado del pozo.

En ese momento el tribunal levantó la sesión hasta el día siguiente cuando el testimonio del señor Franco Ibáñez se reanudaría y los especialistas forenses Silvana Turner y Alexander Aizenstatd serían llamados por el gobierno.

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